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Prologo

Soñar Despierto

por Pablo Berger
Director de Cine

Flashback. Años setenta, Bilbao. Estoy en el cuarto de estar de mi casa. Tengo diez años. Es de noche. Toda la familia estamos reunidos alrededor de nuestra televisión Telefunken en blanco y negro. Suena una sintonía de guitarras eléctricas. Le grito a mi madre, “¡Qué empieza “el programa de José María Iñigo”!”. El popular presentador anuncia: “Esta noche tenemos en directo en el estudio a un hipnotizador de fama mundial”. Aparece un señor de rostro serio. De su cuello cuelga un esotérico medallón dorado de gran tamaño. El hipnotizador pide voluntarios. Unas pocas manos temerosas se levantan. Elige tres personas del público. Las llama al escenario. El espectáculo de hipnosis comienza. En cuestión de minutos tiene a todos “bajo su poder”. Es increíble. Un joven militar hace la gallina, un señor calvo con gafas llama por teléfono con su zapato y una señora con collar de perlas, que piensa que está desnuda, se tapa con sus manos su cuerpo. Todo el público se ríe “de ellos”. Yo también. Fin del flashback.

Flashback. Otoño 2015, Madrid. Entramos Yuko y yo en el Volta Café para ver un espectáculo de hipnosis. Nos recibe Mayte con una sonrisa y nos entrega con nuestras entradas, un papel y un boli para que escribamos un sueño que nos gustaría experimentar esa noche. Lo hacemos. Metemos “nuestro sueño” en una caja. El show comienza. Sale a escena un hombre alto, con bigote y barba. Viste un traje negro impecable. Se presenta con seguridad y carisma como Jorge Astyaro. Explica qué es y qué no es la hipnosis. Su simpatía y empatía es contagiosa. Mayte se le acerca con la caja de los sueños. Jorge saca varios papeles. Los afortunados voluntarios, cuyos sueños han sido elegidos, suben al escenario. En nada, Jorge los tiene a todos “bajo su poder”. Un joven profesional vuela feliz con los brazos abiertos por encima de Madrid, una jubilada con los papos hinchados bucea entre corales en el Caribe y una chica joven grita de emoción agarrada a su silla como si fuese una montaña rusa gigante. Es increíble. Los voluntarios viven su propia película, sueñan despiertos. El público se ríe “con ellos”, pero no “de ellos”. Yo también. Al acabar el espectáculo hablamos con Jorge, y le explicamos que estamos preparando una película que se llama “Abracadabra” y que nos gustaría que fuese nuestro asesor de hipnotismo. Acepta. Fin del Flashback.

La aportación de Jorge Astyaro a nuestra película “Abracadabra” resultó fundamental. Primero en el guion, ya que todas las inducciones, profundizaciones o sugestiones estaban escritas o aprobadas por él. Luego como coach personal de José Mota y José María Pou, al ser hipnotizadores los personajes interpretados por ambos. Y lo más importante, Jorge estuvo presente en el rodaje de todas las secuencias relacionadas con el hipnotismo. Él era “la prueba del algodón” para que las escenas tuviesen verdad. Su presencia en el set nos daba tanta seguridad a los actores y a mí. Fue una experiencia inolvidable para todos. Y lo mejor, Jorge y Mayte, se han convertido en buenos amigos.

Lo que tienes en tus manos es un “striptease profesional” de Jorge Astyaro, un grande del hipnotismo. Un libro muñeca rusa.  Un libro de hipnotismo, dentro de una biografía, uno de autoayuda, uno de divulgación… Pero sobretodo es un libro escrito con el corazón. Un abracadabrante abrazo. Estoy seguro de que ESTE LIBRO TRANSFORMARÁ TU OPINIÓN SOBRE EL HIPNOTISMO.

¡3, 2, 1, LEE!

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LA ORLA DE LOS SUEÑOS

por Dr. Pedro Rocamora
Doctor en Derecho, Psicología y Medicina-Neurociencia

Hace años al terminar sus estudios los licenciados se hacían una foto con sus maestros y compañeros que se enmarcaba en un cuadro llamado orla. Era como un “árbol genealógico académico”.

Hoy voy a colocar a Jorge Astyaro en la orla de los “hacedores de sueños”.

La hipnosis no empieza en un laboratorio de neurofisiología experimental, comienza en un teatro. James Braid, médico escocés fue el último “mesmerista” y el primero en acuñar el término hipnosis. Todo empezó cuando asistió, sobre 1835, a la actuación de un  hipnotizador llamado Lafontaine que era sobrino del conocido fabulista del mismo apellido.

Jean-Martin Charcot, precursor de la neurología y padre del estudio científico de la hipnosis, investigó el fenómeno hipnótico en el hospital de la Salpetriere  en París, tras haber visto un espectáculo del hipnotizador  Donato.

Y, finamente Freud descubrió la hipnosis, que practicó durante diez años antes que diera origen al psicoanálisis, asistiendo varias veces al espectáculo de un hipnotizador danés del que sabemos que se anunciaba como “Hansen le magnetiseur”.

La hipnosis ha viajado a lo largo de la historia de los teatros a la investigación y a la práctica clínica. Hoy es un instrumento más de la terapia psicológica.

 

Los que acabo de citar serían los profesores de la orla. Los “alumnos destacados” que yo he visto, han sido los siguientes:

Gabriel Soto “Killer”, hipnotizador colombiano que actuó en los años setenta en el teatro Infanta Isabel de Madrid.

Después vendría a España el sacerdote jesuita Oscar González-Quevedo brillante parapsicólogo que dio un curso de conferencias en Madrid que terminaba siempre con una demostración práctica. Allí asistí por vez primera a una catalepsia rígida donde el sujeto tenía encima de su abdomen una piedra que Quevedo rompía a martillazos.

Más tarde, conocí al hipnotizador Exiquio García Carbajo que había estudiado las caras de Bélmez.

Posteriormente a José Luis Jordán Peña psicólogo que realizaba  regresiones hipnóticas.

A Tony Kamo le conocí en Noja, Santander.

En el teatro Monumental de Madrid vi actuar a Uri Geller. Y al Profesor Ortega en la cripta mágica.

Hace años asistí a los espectáculos de magia e hipnosis de Pablo Segóbriga en la sala Houdini.

Todos ellos merecen estar en esta orla, y en lugar destacado  de ella Jorge Astyaro  a quien conocí en la escalera de Jacob en un encuentro que él relata en su libro. A partir de ese momento, el azar y su talento no yo como insinúa en la página 263, le llevó al Teatro Arenal (donde conoció a Mayte Castillo su partner y musa) posteriormente al Teatro Lara (llamado “la bombonera” donde Benavente estreno “Los interés creados” y fue llevado a hombros del público hasta su casa), y desde allí a otras grandes salas y teatros.

Jorge Astyaro nos presenta hoy un libro singular que podría ser un texto de autoayuda, una autobiografía, una introducción a la hipnosis, incluso una carta a su amada. Tal vez sea un  collage de todo eso y de más cosas que cada lector irá descubriendo en función de sus propias proyecciones. Porque el lector no solo interpreta lo leído, además lo re-crea, como hace también el espectador.

Pero lo más importante de Astyaro es que es un creador de sueños. La hipnosis puede hacer por momentos “realidad” los sueños. 

Siempre me sorprende ver la alucinación auditiva del teléfono, donde una hipnotizada habla y escucha (no cree escuchar, repito escucha) la voz de su “ídolo”. La cara de fascinación, ese momento de felicidad fugaz, efímera como toda felicidad, no tiene precio y será sin duda un instante irrepetible para ella.

O cuando un sujeto, tímido pero desinhibido por la hipnosis, canta y baila delante del público como no lo volverá a hacer nunca.

O como, en el cabaret hipnótico, abanicar un brazo sin tocarlo produce sensaciones “paroxísticas”.

Convertir los sueños y los deseos en realidad, aunque sea de forma   efímera, eso es quizá lo más grande de la hipnosis.

Hace tres días pasábamos por la Gran Vía y Jorge me dijo: ¿quién será el próximo Freud que venga a ver el espectáculo?

Hacía una mañana de sol y no quise contarle a Jorge que Hansen le magnetiseur nunca conoció ni  supo quién era, su espectador anónimo,  Sigmund Freud.

PEDRO ROCAMORA

Pedro Rocamora

Jorge Astyaro

Considerado por muchos como el mejor hipnotista del mundo. Le avalan más de veinte años de colaboración con empresas nacionales, internacionales y de espectáculos en los mejores teatros del mundo. Como hipnotista corporativo profesional, cuenta con un amplio conocimiento del lenguaje y de las necesidades del mundo empresarial, ya que, desde sus inicios como ingeniero electrónico, trabajó como project manager para importantes multinacionales. Es el único hipnotista que desde hace más de una década presenta shows de hipnosis y mentalismo de forma ininterrumpida en los mejores teatros de España y Latinoamérica, y que ha batido récord de asistencia con más de medio millón de espectadores. En sus redes, además, cuenta con dos millones de seguidores. Este es su primer libro.