2-Vestido 1

¿De qué colores ves este vestido?
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¿De qué colores ves esta zapatilla?
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La ilusión del vestido es un ejemplo perfecto de cómo nuestra percepción no es objetiva. Algunas personas ven el vestido azul y negro, mientras que otras lo ven blanco y dorado, aunque la imagen sea exactamente la misma.

Esto ocurre porque el cerebro no percibe los colores de forma aislada. Siempre intenta interpretar la iluminación del entorno y compensarla. Ante una imagen ambigua, cada cerebro hace una suposición distinta sobre la luz que rodea al vestido.

Si tu mente interpreta que la escena está iluminada por una luz fría, ajusta los colores y el vestido parece blanco y dorado. Si interpreta una luz cálida o en sombra, el ajuste es distinto y el vestido se ve azul y negro.

No hay una percepción correcta y otra incorrecta.
Ambas son construcciones válidas de la mente.

Esta ilusión demuestra algo fundamental: no vemos la realidad tal como es, sino como nuestro cerebro cree que es. La percepción no es una fotografía del mundo exterior, sino una interpretación basada en contexto, experiencia y expectativas.

Y si esto sucede con algo tan simple como el color de un vestido, imagina cuánto influye en cómo percibimos personas, situaciones o recuerdos.

La ilusión en el laboratorio

Crocs and Socks

¿De qué color ves los Corcs y las calcetas ?
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Tras el fenómeno del vestido, los investigadores Pascal Wallisch y Michael Karlovich, especialistas en percepción visual, quisieron comprobar si aquella ilusión podía reproducirse con otros objetos cotidianos. Su intuición era clara: el problema no estaba en el vestido, sino en cómo el cerebro interpreta la iluminación.

La idea surgió de una forma bastante curiosa. Wallisch contó que, tiempo atrás, había estado en un cultivo interior de mariguana donde se usaban luces LED muy intensas —de esas verdes y púrpuras pensadas para plantas— y se dio cuenta de que, bajo esa iluminación, los colores parecían “romperse”. Nada se veía como debía. Camisetas, objetos, piel… todo cambiaba de color según quién lo mirara.

Ese momento fue la chispa. Pensó: si esa luz es capaz de confundir tanto al cerebro, ¿por qué no recrear la ilusión del vestido con algo aún más simple y cotidiano?

Así nacieron los Crocs y los calcetines. Fotografiados bajo una iluminación ambigua y con colores cuidadosamente elegidos, provocaron el mismo efecto: distintas personas veían colores completamente diferentes en el mismo objeto.


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