La ilusión del tablero de ajedrez de Edward H. Adelson demuestra que no percibimos los colores de forma aislada, sino siempre en relación con el contexto que los rodea.
En esta imagen, el cuadrado A, que se percibe como oscuro, y el cuadrado B, que se percibe como claro, son exactamente del mismo color, aunque nuestro cerebro se niegue a aceptarlo. No hay ninguna diferencia real entre ellos.
La ilusión se produce porque el cerebro interpreta la escena como un tablero tridimensional con una sombra proyectada. Al asumir que el cuadrado B está en sombra, la mente compensa automáticamente ese oscurecimiento y lo percibe más claro. Al mismo tiempo, interpreta que el cuadrado A está iluminado directamente y lo percibe más oscuro de lo que realmente es.
Aunque nuestros ojos reciben la misma información de color en ambos cuadrados, el contexto visual obliga al cerebro a ajustarlos de manera diferente. Por eso, aun sabiendo que son iguales, nos resulta casi imposible verlos como tales.
Esta ilusión demuestra algo esencial: no vemos los colores como son, sino como nuestro cerebro cree que deberían verse según la luz, el contexto y la escena que interpreta.

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