La ilusión en el laboratorio
Tras el fenómeno del vestido, los investigadores Pascal Wallisch y Michael Karlovich, especialistas en percepción visual, quisieron comprobar si aquella ilusión podía reproducirse con otros objetos cotidianos. Su intuición era clara: el problema no estaba en el vestido, sino en cómo el cerebro interpreta la iluminación.
La idea surgió de una forma bastante curiosa. Wallisch contó que, tiempo atrás, había estado en un cultivo interior de mariguana donde se usaban luces LED muy intensas —de esas verdes y púrpuras pensadas para plantas— y se dio cuenta de que, bajo esa iluminación, los colores parecían “romperse”. Nada se veía como debía. Camisetas, objetos, piel… todo cambiaba de color según quién lo mirara.
Ese momento fue la chispa. Pensó: si esa luz es capaz de confundir tanto al cerebro, ¿por qué no recrear la ilusión del vestido con algo aún más simple y cotidiano?
Así nacieron los Crocs y los calcetines. Fotografiados bajo una iluminación ambigua y con colores cuidadosamente elegidos, provocaron el mismo efecto: distintas personas veían colores completamente diferentes en el mismo objeto.

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